
ROCKACHO
Esta debería ser la mejor historia de mí pasado como productor de eventos rockeros, y en parte lo es, pero también es la más triste, porque me recuerda lo injusta y en parte decadente sociedad en la que vivimos. Se llamó Rockacho, y para mí, y seguro que para otros, fue el más importante festival de rock peruano que se realizara en la década de los ochentas (siempre y cuando no se dejen sorprender con las mentiras y fantasías de los reportajes sobre el rock peruano de Álamo Pérez en la Luna). Esto ocurrió en abril de 1986 durante los inicios del peor gobierno de la historia del Perú, y surgió a raíz del lanzamiento de la revista Esquina, para lo cual no se nos ocurrió mejor idea que hacer un súper concierto para celebrar el número uno de esta nueva revista que surgía de las cenizas de Averok. Y que mejor lugar para realizar este concierto masivo, que en un lugar gigantesco, como lo es la "Plaza de Toros de Acho".
Recuerdo que cuando fui a alquilar el referido coloso taurino, junto al negro Acosta, las autoridades apristas de entonces no querían alquilármelo, porque decían que yo era casi un adolescente y que como era monumento histórico de la ciudad, no podían arriesgarse a que algo pasara, yo tuve que insistir e incluso llamar a mi querido tío Toti Fajardo, uno de los pocos apristas decentes de entonces, quien tuvo la gentileza de garantizarme y así conseguir el ansiado contrato. Entonces hablamos con Andrés Silva, quien tenía unos súper equipos de sonido y luces para la época quien también acepto participar, luego, el siguiente paso fue asegurarnos la participación de los mejorcitos grupos de entonces, quienes en su mayoría, recién daban sus primeros pasos como: Leucemia, Zcuela Crrada, Del Pueblo, Masacre, Erupto Maldonado, Flagelo, Éxodo, Temporal y Seres Van.
Ya todo estaba listo para ese sábado 26 de abril, incluso habíamos diseñado unos afiches gigantescos en serigrafía con un toro punkeke que impresionaba a todos los que lo veían. Pero quien se imaginaría, que a última hora, se le ocurriría a Pilar Nores, la esposa de Alan, utilizar la Plaza de Acho para un acto proselitista y así horas antes que empezara nuestro concierto, llegarán varios búfalos armados hasta los dientes y con improperios nos botaron a patadas del lugar, sin importarles que en esos momentos vieran llegar a miles de jóvenes de todos los distritos limeños, quizás ese fue uno de los días más tristes de mi vida, por sentir en carne propia como el abuso del poder podía pisotear los derechos de los ciudadanos que cumplían todos los requisitos de ley, incluso las autoridades de la Beneficencia Pública de Lima, quienes nos habían alquilado la Plaza de Acho, no pudieron hacer nada, y solo les quedo disculparse y extendernos un nuevo contrato, otorgándonos una nueva fecha, uno o dos sábados después, no recuerdo bien.
Así que amiguitos, ya se imaginarán que esa tarde tuvimos que pegar carteles por todo Lima, informando de la nueva fecha y posteriormente hacer una nueva inversión para una nueva campana publicitaria. Yo imagino que hubiéramos llenado completamente el coso taurino en la fecha original, porque nunca en mi vida había visto a tanta gente llegar para un concierto, pero de todas maneras los casi 10,000 que asistieron a la nueva fecha, nos llenaron de felicidad y al final lo más importante fue que logramos realizar el festival Rockacho, "el más grande festival rock de todos los tiempos", como lo denominamos entonces, y es muy reconfortante para mí, cuando alguien hace mención de que estuvo en ese festival o cuando alguien me entrevista para saber sobre la historia del rock peruano y me pregunta sobre este recordado concierto.
Franklin Jáuregui Foronda
Desde algún lugar del mundo
Esta debería ser la mejor historia de mí pasado como productor de eventos rockeros, y en parte lo es, pero también es la más triste, porque me recuerda lo injusta y en parte decadente sociedad en la que vivimos. Se llamó Rockacho, y para mí, y seguro que para otros, fue el más importante festival de rock peruano que se realizara en la década de los ochentas (siempre y cuando no se dejen sorprender con las mentiras y fantasías de los reportajes sobre el rock peruano de Álamo Pérez en la Luna). Esto ocurrió en abril de 1986 durante los inicios del peor gobierno de la historia del Perú, y surgió a raíz del lanzamiento de la revista Esquina, para lo cual no se nos ocurrió mejor idea que hacer un súper concierto para celebrar el número uno de esta nueva revista que surgía de las cenizas de Averok. Y que mejor lugar para realizar este concierto masivo, que en un lugar gigantesco, como lo es la "Plaza de Toros de Acho".
Recuerdo que cuando fui a alquilar el referido coloso taurino, junto al negro Acosta, las autoridades apristas de entonces no querían alquilármelo, porque decían que yo era casi un adolescente y que como era monumento histórico de la ciudad, no podían arriesgarse a que algo pasara, yo tuve que insistir e incluso llamar a mi querido tío Toti Fajardo, uno de los pocos apristas decentes de entonces, quien tuvo la gentileza de garantizarme y así conseguir el ansiado contrato. Entonces hablamos con Andrés Silva, quien tenía unos súper equipos de sonido y luces para la época quien también acepto participar, luego, el siguiente paso fue asegurarnos la participación de los mejorcitos grupos de entonces, quienes en su mayoría, recién daban sus primeros pasos como: Leucemia, Zcuela Crrada, Del Pueblo, Masacre, Erupto Maldonado, Flagelo, Éxodo, Temporal y Seres Van.
Ya todo estaba listo para ese sábado 26 de abril, incluso habíamos diseñado unos afiches gigantescos en serigrafía con un toro punkeke que impresionaba a todos los que lo veían. Pero quien se imaginaría, que a última hora, se le ocurriría a Pilar Nores, la esposa de Alan, utilizar la Plaza de Acho para un acto proselitista y así horas antes que empezara nuestro concierto, llegarán varios búfalos armados hasta los dientes y con improperios nos botaron a patadas del lugar, sin importarles que en esos momentos vieran llegar a miles de jóvenes de todos los distritos limeños, quizás ese fue uno de los días más tristes de mi vida, por sentir en carne propia como el abuso del poder podía pisotear los derechos de los ciudadanos que cumplían todos los requisitos de ley, incluso las autoridades de la Beneficencia Pública de Lima, quienes nos habían alquilado la Plaza de Acho, no pudieron hacer nada, y solo les quedo disculparse y extendernos un nuevo contrato, otorgándonos una nueva fecha, uno o dos sábados después, no recuerdo bien.
Así que amiguitos, ya se imaginarán que esa tarde tuvimos que pegar carteles por todo Lima, informando de la nueva fecha y posteriormente hacer una nueva inversión para una nueva campana publicitaria. Yo imagino que hubiéramos llenado completamente el coso taurino en la fecha original, porque nunca en mi vida había visto a tanta gente llegar para un concierto, pero de todas maneras los casi 10,000 que asistieron a la nueva fecha, nos llenaron de felicidad y al final lo más importante fue que logramos realizar el festival Rockacho, "el más grande festival rock de todos los tiempos", como lo denominamos entonces, y es muy reconfortante para mí, cuando alguien hace mención de que estuvo en ese festival o cuando alguien me entrevista para saber sobre la historia del rock peruano y me pregunta sobre este recordado concierto.
Franklin Jáuregui Foronda
Desde algún lugar del mundo
1 comentario:
HOLA ESTMADO FRANKLIN:
ME PARECE MUY INTERESANTE TUS COMENTARIOS SOBRE EL TEMA ROCKACHO.
ASI COMO TAMBIEN, DEJAME DECIRTE QUE LA REVISTA ESQUINA SE HACE EXTRAÑAR, YA QUE NO EXISTE OTRA SIMILAR....
MUCHA SUERTE.
GINA LAZARES
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